
El vértigo de un azote
Abrázame,
lazo con el que me atrapas.
Déjame asirme al vértigo de un azote
como aquel que nos despierta al mundo
y me enredo al tuyo,
la palma abierta de tu mano,
mi piel rendida sobre tus rodillas,
navegando al timón de tus deseos.
Gorriones en mi boca
Cantan mis manos tu piel,
que al calor de mis labios
renace en pétalos de fresa.
Es el sabor del deseo perro
de tus dedos en mi boca,
gorriones en tu arboleda
que proclaman en mi lengua
la delicia de tu nombre.
Pura Salcedo
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