miércoles, 19 de noviembre de 2008

kajira


“Desperté a sus pies en el alba goreana. Puse mis manos sobre sus tobillos suavemente para que no se supiera sujeto. Besé sus pies con toda mi delicadeza, sintiendo el aire entre mis labios, para que no se supiera besado. No quería que se enojase porque una esclava lo había despertado. Luego me tendí a su lado llena de júbilo, feliz. Miré el techo de la tienda, oscilando con la brisa de la mañana. El amanecer era de un gris suave. Fuera podía ver el rocío sobre la hierba. Escuché a los pájaros llamarse unos a otros. Me incorporé de medio cuerpo sobre mi estómago, mis pechos libres ante él, para ver mejor al hombre que me había poseído. Fui suya por casi toda la noche. En el interior de mi muslo izquierdo, de un pardo rojizo, ahora ya seca, quedó un hilo de sangre, mi sangre de virgen que ya nunca más volvería a manar de mi cuerpo. Él, como parte de un rito ancestral, me obligó a probarla. La tomó en la punta de un dedo que toscamente introdujo en mi boca, haciendo que entrase en mi propio cuerpo la consecuencia de su victoria, de mi violación, de mi desfloramiento, al tiempo que me sujetaba firmemente la cabeza para que lo mirase profundamente a los ojos mientras la tragaba. Nunca olvidaré su sabor, ni el modo tranquilo y seguro que tuvo de mirarme, como amo. Luego, a pesar de que mi cuerpo se estaba aún recuperando de su primer asalto, volvió a gozar de mi vulnerable y fresca suavidad. No me tuvo ninguna consideración, puesto que era una esclava. Me apreté contra él, amándole. Mucho obtuvo de aquella chica, esa noche. Qué obediente y excitada me mostré, a pesar de mi herida, sabiendo bien que si no lo hacía así iba a ser cruelmente castigada. Qué feliz fui sirviéndole de esta manera, completamente a su merced. Ninguna chica que no haya sido poseída, poseída de verdad, conoce el gozo de ser una esclava. Yo no lo hubiera creído si no lo hubiera experimentado en mi propia piel.”


"La esclava de Gor" John Norman

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