miércoles, 7 de octubre de 2009

Las joyas

Ella


Ella estaba desnuda, y, sabiendo mis gustos,
Sólo había conse
rvado las sonoras alhajas
Cuyas preseas le ot
organ el aire vencedor
Que las esclavas moras tienen en días fastos.

Cuando en el aire lanza su sonido burlón
Ese mundo radiante de pedrería y metal

Me sumerge en el éxtasis; yo amo con frenesí
Las Cosas en que se une el sonido a la luz.

Ella estaba tendida y se dejaba amar,
Sonriendo de dic
ha desde el alto diván
A mi pasión profunda y lenta como el mar
Que ascendía has
ta ella como hacia su cantil.

Fijos en mí sus ojos, como en tigre amansado,
Con aire soñador ensayaba posturas
Y el candor añadido a la lubricidad

Nueva gracia agregaba a sus metamorfosis;

Y sus brazos y piernas, sus muslos y sus flancos
Pulidos como el ó
leo, como el cisne ondulantes,
Pasaban por mis ojos lúcidos y serenos;
Y su vientre y sus
senos, racimos de mi viña,

Avanzaban tan cálidos como Ángeles del mal
Para turbar la paz en que mi alma estaba
Y para separarla del peñón de cristal
Donde se había in
stalado solitaria y tranquila.

Y creí ver unidos en un nuevo diseño
-Tanto hacía su ta
lle resaltar a la pelvis-
Las caderas de A
ntílope al busto de un efebo,
¡Soberbio era el afeite sobre su oscura tez!

-Y habiéndose la lámpara resignado a morir
Como tan sólo el fuego iluminaba el cuarto,
Cada vez que exhalaba un destello flamígero
Inundaba de s
angre su piel color del ámbar.


"Las flores del mal" Charles Baudelaire

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