martes, 16 de agosto de 2011

Muñeca triste

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Muñeca triste, quién te roba a ti los momentos. Muñeca triste de apariencia embustera. Quién se cree dueño de quitarte los instantes que te pertenecen, y ese viento que te da de cara, que roza tus pómulos, ¿acaso tiene permiso? Te gustaría ir a Alaska a contemplar la aurora boreal, eso lo sé desde tiempo, y pretendes conseguirlo en tu caminar con tacón de aguja. Muñeca triste cargada de miedo. Podrías alzar la voz para que alguien te oyera desde ese orificio en que andas metida. El presente es absurdo pero es lo único que tienes.
¿Por qué te gustan tanto los hombres? ¿Porque te dan de comer? A parte de el estómago, también te alimentan el alma. Andas triste porque una vez te enamoraste como una estúpida y te salió mal, y ya no has querido volverlo a hacer. Lo de enamorarte digo. Y vas por la vida luchando y como arma tu cuerpo. Piensas que lo que sienten es cariño por ti y luego te das cuenta que no sienten nada, y te restriegas la piel con la esponja, tan dolorosamente para quitarle el asco, que te deja rojeces como marcas.
Muñeca triste dime que aún sigues ahorrando para hacer un día ese largo viaje. Solo un billete de ida, por favor. La vuelta no la quieres, no quieres volver. Y te preguntas si alguien se cuestionará dónde te has metido, si a alguien le importará que te largues, que desaparezcas. Sabes que no es tarde, que siempre existirá el día oportuno, el señalado, el marcado. Sabes que sólo nunca sería demasiado tarde. Porque nunca es no existir y lo que no existe no se añora, no se extraña. Muñeca triste: ¿seguirás luchando hasta conseguirlo? Vengo a pedirte perdón, no me gusta verte llorar, si quieres llorar hazlo en mi compañía. Nunca has tenido algo tuyo, ni un querer que quisiera decir tu nombre verdadero. Vas andando por la vida con un nombre falso que no quieres que yo pronuncie, prefieres que te llame muñeca triste. Te gusta así más. No tienes delante de mí que seguir con la farsa. Aunque debes contentarte con lo que tienes, con este pequeño ratito, en que dejas que yo piense por ti. Y tú silenciosa puedes dejar de pensar sin cerrar los ojos, cansados los tienes ya de tanto cerrarlos para no ver lo que te rodea, pero tus esfuerzos son en vano, alguien te lo sigue susurrando al oído y el olor, ese olor que te acompaña desde el primer día, que no te abandona, que te da asco, el olor sucio de ese dinero, se mete por tu nariz ofendiéndote las entrañas. Pero todo lo haces, recuerda, por la aurora boreal que te aguarda en Alaska.
Prométeme, muñeca triste, que te vas a secar las lágrimas, que no valen la pena. Atúsate el cabello, píntate los labios y vuelve a sonreír, eso así, colócate la máscara y sal de nuevo a patear las calles.
Persigue tu sueño.

"Muñeca triste" por María Aixa Sanz


Narrativas nº 10 Julio- Septiembre 2008
(Monográfico sobre narrativa erótica)

 
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